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La protección contra incendios de un almacén constituye todo un reto ya que, habitualmente, son edificios con una elevada carga de fuego. Además de la propia mercancía, contienen otros elementos que favorecen la propagación de las llamas, como plásticos, cartón o madera, entre otros. Para minimizar este riesgo, los almacenes deben contar con sistemas de prevención, de detección y extinción de las llamas.

Existen programas para calcular el tiempo que un rack industrial puede resistir al fuego antes de desplomarse. Este tiempo depende de muchos factores, entre ellos:

  • Carga de fuego.
  • Tipo de fuego.
  • Estructura existente.
  • Revestimiento de esa estructura.
  • Ubicación de la instalación (si hay humedad, flujos de aire…).

Las medidas de protección contra incendios que se pueden aplicar en un almacén están condicionadas por:

  • Normativas relativas a la materia.
  • Dimensiones del almacén.
  • Carga de fuego de la mercancía.
  • Ubicación del almacén respecto a otros edificios.
  • Exigencias de las compañías de seguros.
  • Interés de la propia empresa en proteger los productos almacenados.
  • Protección pasiva de las estructuras metálicas

A los racks de un almacén no se les exige ningún requisito de capacidad portante frente al fuego.

Sistemas de alarma y detección automática

La localización de un incendio en su fase inicial es primordial para minimizar sus daños. Hay dispositivos capaces de detectar el fuego a través de alguno de sus indicadores: presencia de humo, llamas o incremento de la temperatura.

Los detectores térmicos son útiles en edificios de hasta 6 m de altura y los detectores de radiación ultravioleta solo se emplean cuando el incendio sea susceptible de provocar llamas visibles en su fase inicial, como durante la combustión de líquidos inflamables.

Los detectores de humo, tanto ópticos como mediante aspiración, son los más utilizados en almacenes. En los edificios de hasta 12 m de altura, se instalan en el techo (donde se acumulan los gases de combustión) y se distribuyen de acuerdo con los requerimientos de la normativa.

Al producirse un incendio, los detectores ópticos de humo captan los cambios en la opacidad del aire debido a la presencia de humo. Es entonces cuando el sensor activa una alarma en el panel central de control, que está permanentemente monitorizado.

Por su parte, los detectores de humo mediante aspiración están formados por un solo sensor centralizado (normalmente de una sensibilidad muy alta) y una red de tuberías con orificios calibrados repartidas por el almacén (un orificio equivale a un sensor). A través de los orificios, el sistema recoge muestras de aire de la sala para analizarlas. Si existe un incendio, el equipo sensor lo detectará y accionará una alarma.